Como ayudar a nuestros niños a experimentar sus emociones

Por Lucía Borquez Iberri

¿Qué son las emociones? ¿Cómo enseñamos a los niños a identificarlas? ¿Son algunas emociones malas? ¿Cómo canalizarlas para que sean positivas? Son algunas de las preguntas que podemos hacernos con respecto a la educación emocional en los niños.

Creo que uno de los ejemplos más claros para poder entender como juega nuestra mente con todo este mundo de las emociones, es la película de Intesamente de Pixar. Siendo una caricatura divertida para niños y adultos, hace un análisis profundo del manejo de las emociones. Hoy en día vivimos en un mundo en el que podemos dejarnos llevar muy fácilmente por estas “personitas” que viven dentro de nuestra cabeza. Si en ocasiones es complicado para los adultos saber reconocerlas, experimentarlas y canalizarlas ¿qué pasará por la cabeza de nuestros niños entonces?

Puedo imaginarme una bomba atómica ahí adentro. Todo pasa tan rápido que no se dan cuenta de lo que están experimentando, hasta que alguna de las conductas producidas por esta explosión tiene una consecuencia.

Tenemos la obligación, como padres o educadores de enseñarles cómo manejarlas. Asumimos muchas veces que solos van a aprender a hacerlo, pero necesitan 100% de nuestra guía y apoyo. Es por eso que quiero compartir algunas ideas que nos pueden ayudar en este proceso de crecimiento de nuestros pequeños.

Ayudarlos a nombrar la emoción que sienten. Me detengo únicamente en las emociones básicas, que se han hecho famosas gracias a la personificación de éstas. Compartiéndoles un poquito cómo los niños pueden aprender de una manera significativa lo que significan cada una de ellas.

intensamente

Alegría: Es el motor constante de nuestras vidas. Es esa emoción que nos hace sentir gozo, nos produce energía y nos hace sentir mejor, produciendo en nosotros placer y optimismo.

Tristeza: Posiblemente tenemos esta emoción etiquetada como “mala” y sin libre expresión. Nos es difícil comprender que la tristeza es el paso anterior a la alegría. Necesitamos experimentarla para poder afrontar situaciones de cambio o pérdida en nuestras vidas y ponerla en nuestras experiencias de vida para llevarla a un camino de crecimiento personal.

Ira: Busca que las cosas sean justas, nos lleva a luchar. Es esa arma de defensa que ayuda decidir que es lo que no nos gusta. Es tan explosiva, que debemos de estar alerta para que no sea quien controle nuestra manera de actuar, ya que en ocasiones no razonamos cuando nos sentimos enojados.

Miedo: Mantiene siempre nuestros niveles de alerta y por eso nos ayuda a huir del peligro y mantenernos a salvo. Conforme vamos creciendo, es esta la emoción que nos empuja a tener nuevos retos y a superar lo que no hemos aún alcanzado.

Asco: Rechazamos lo que podría hacernos daño. Aprendemos a decir que no ante algunas situaciones o estímulos que nos llevan a decidir nuestros gustos y formar nuestra personalidad.

 

Escuchar cómo se sienten. Cuando los niños estén sintiendo alguna emoción que no comprendan, pueden sugerirle hacer alguna actividad de relajación como respiraciones, dibujos, actividades físicas (dependiendo de los intereses del niño) para que pueda tranquilizarse. Una vez que se encuentre listo para escuchar, ayudemos siendo pacientes y demostrando que estamos ahí a pesar de la emoción que esté experimentando en ese momento. Escuchemos con atención lo que nos quiere decir, podemos preguntarle cómo se siente físicamente, ¿cómo siente sus manos, estomago, hombros, etc? para que pueda ir identificando que partes de su cuerpo se activan cuando siente alguna emoción. Dejemos que los niños se expresen en un contexto de confianza, en el que nuestra posición es de escucha. Podemos evitar decir comentarios negativos hacia las emociones o querer solucionar la situación por ellos.

 

Cada persona siente diferente ante alguna situación. No todos los niños tienen las mismas emociones ante la situación que presentan. Poniendo un ejemplo sencillo, cuando algún niño no comparte con otro un juguete, uno podría sentirse triste que no quieran jugar con él. Otro, podría sentirse enojado por no haber obtenido el juguete que quería. Uno más, podría sentir miedo de “perder” un amigo. Podría haber quien se siente indiferente y alegremente se retire a jugar con alguien más. Ante nuestros ojos podría ser un hecho sin importancia, pero para ellos es el mundo entero.

Ser empáticos con nuestros niños, saber escucharlos y guiarlos a que aun cuando lo que sientan no sea positivo, siempre hay una manera de solucionarlo. La ira lleva a la tristeza, la tristeza lleva a la alegría, y el fin, es ver niños alegres. Enseñémosles que está bien experimentar cualquier emoción. Sin embargo, es cómo reaccionamos ante ellas, lo que nos hace ser quienes somos.

 

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