La Muerte Llega

24 de octubre de 2019
Gabriela Rodríguez AM

La muerte llega

La muerte llega

La muerte llega

Y se lleva a personas que amamos. A personas que vimos tan solo ayer sanas y felices.
No importa qué tanto se anunciara, siempre nos sorprende. Es la puerta que se abre a lo desconocido, el velo que se corre ante el misterio de lo que sigue más allá, pero sobre todo de lo que sigue para nosotros aqui, en un mundo que parece taaaan distinto y en el que todos siguen tan igual, desesperantemente, tan igual.
La muerte llega, y se quedan las cosas a medias, los proyectos incumplidos, los viajes programados, la ropa en la lavadora, los objetos personales en el baño, en la cocina.
Y se impregna el camino de recuerdos, de imagenes, de sonidos y de olores.
Y se nos quedan los hábitos compartidos, las expresiones copiadas, las enseñanzas…. y se aferran fuertemente a no extinguirse… pero algunas se extinguen… lentamente, dolorosamente.
La muerte llega y penetra profundamente zonas del corazón inexploradas, y nos muestra dolores que antes no conocíamos, reacciones nuevas, y esa capacidad de seguir la vida sin vivirla, de pasar los días en blanco, de reaccionar sin fuerza, sin hambre.
Perdemos por un tiempo el rumbo y el sentido de la propia vida. Y nos preguntamos cómo se puede vivir así.
Después, al caminar por ese nuevo camino que se llama duelo, iremos recuperando la calma, la paz, podremos volver a disfrutar pequeñas cosas, a serenar el alma de las culpas, de los enojos, de los acasos, de los hubieras…. para volver a tomar la ruta, para mirar otra vez de frente.
A veces toma su tiempo sentirnos bien, a veces toma su tiempo permitirnos sentirnos mal, a veces que deje de doler nos causa culpa, porque el dolor también habla de amor y queremos seguir amando, y nos aferramos a seguir amando. Hasta que aprendemos a amar y relacionarnos con el amado de una forma nueva, a mirarlo con los ojos del alma como estará ahora: en plenitud, en paz. Hasta que logramos aceptar que el dolor es nuestro, y no de quien nos deja, hasta que nos reconciliamos con la vida y su final e inevitable destino, hasta que la ropa se acomoda, los objetos se mudan, y las cosas queridas toman un nuevo y significativo lugar junto a nosotros.
La muerte llega y asombrosamente nos transforma y nos madura, y nos da lecciones únicas, y nos da esa luz especial y única que da la oscuridad, esa luz que permite que mientras más oscuridad podamos ver más estrellas.
Nos da experiencia de dolor y de humanidad, nos hace más sensibles con los demás, más comprensivos con los que sufren y nos hace ver con admiración la capacidad que tenemos para recuperarnos, para sacar lo mejor de nosotros, para tocar el mundo espiritual en nuestra propia alma y casi, casi, tocar el cielo con la mano.
La muerte llega, para enseñarnos su lección más especial: que el dolor, puede ser también acompañado de un grande y profundo consuelo: lo que yo llamo: dolor de amor.

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